RESTAURANTE “600”

UNA AGRADABLE SORPRESA

Hace unos días, volvía de tomar un tentempié con unos amigos en local no apto para fumar y con “el mono” de rematar con un puro. Me comentó uno de ellos, que junto a la plaza de Hernán Cortés (Plaza Nueva) había una buena coctelería con terraza.

Nos dirigimos hacia allá y efectivamente, hay una muy buena que además, es un restaurante de muy buen aspecto y decoración: “600” (SEICENTO).

SEICENTO 1

El local esta regentado por tres amigos italianos con amplia experiencia en el negocio: Luciano, Francesco y Antonio. Luciano y Francesco son  cocineros profesionales que han trabajado en varios países europeos. Antonio (Toto) es un gran especialista en coctelería. Trabajaba en Valencia donde fueron a buscarlo para proponerle incorporarse al proyecto. A partir de ese momento, empezaron su actividad como si de una empresa familiar se tratara.

Su primer trabajo consistió en diseñar y dirigir la reforma del local (una antigua tienda de moda) para convertirlo en restaurante y la consiguiente puesta en marcha del negocio. Transcurrido algún tiempo de actividad la propietaria  (ajena a este tipo de negocio)  los convocó para comunicarles que quería venderlo. Viendo una buena oportunidad, hicieron una oferta para adquirirlo ellos mismos. Desde ese momento, marzo de 2016, se convirtieron en empresarios dispuestos a poner toda su profesionalidad adquirida en años de trabajo y sacrificio,  en el desarrollo de su propio negocio.

Los comedores interiores, han conservado la estructura original del edificio y  el decorador ha tenido el buen gusto de dejar a la vista las piedras de la mampostería de su construcción original. El edificio debe ser del primer tercio de S. XX. El espacio es amplio, bien iluminado y con grandes balcones y techos altos que favorecen la conversación tranquila sin la molesta reverberación del sonido de los establecimientos de techos bajos.

Unos días después fuimos a probar el restaurante con el aliciente posterior del placer de un puro y un buen cóctel en la terraza. La experiencia fue gratificante y hemos vuelto a visitarlo con frecuencia, tanto por el día como en estas noches estivales.

Además de la Carta de Restaurante hay una carta de Menús para todos los gustos y también otra de raciones y tapas por si se desea comer de “picoteo”. Tiene una buena carta de vinos no muy extensa, pero en la que hay presencia de las principales denominaciones de origen.

La línea de su cocina es de origen italiano, con toques de cocina internacional. La pasta, elaborada fresca en el propio establecimiento, se condimenta con algunas salsas clásicas y otras nuevas e imaginativas, creadas en la casa. Hay una buena variedad de carnes y pescados, para satisfacer todos los gustos. Las distintas variedades de pan también están elaboradas en la casa. Hay uno con azafrán de sabor delicioso.

En nuestra primera visita empezamos con una Ensalada César; una porción de queso Provolone al horno con hierbas aromáticas; unos rollitos con salmón a la crema con verduras y de plato principal, carrilladas de cerdo ibérico braseadas, acompañadas de una salsa de boletus y verduras. A gusto del cliente pueden darle el toque adicional de unas finísimas lonchas de guindilla roja fresca sobre las carrilleras. Nada excesivamente sofisticado, como se ve, pero muy sabroso y cuidado.

Pedimos solamente una ración de cada plato para compartir entre dos y resultó una comida abundante. Para beber, dos cervezas Damm de 1/3; una copa de vino Ribera del Duero y una botella de agua de ½ litro. Luego, en la terraza, un tiramisú muy bueno; un gin-tonic con ginebra JINZU (al parecer la última novedad en ginebras) y una copita de limoncello y naturalmente un buen habano (de mi propio humidor). El total de la fiesta 50.- euros. Dada la cantidad, calidad y el servicio amable y profesional, la relación calidad precio me pareció muy razonable.

En visitas posteriores, hemos seguido probando distintas especialidades, siempre satisfactorias a nuestro gusto. Los mojitos, con y sin alcohol, son espectaculares. Recomiendo probarlo, muy especialmente a mis compañeros de Puro Humo y a todos los amantes de acabar sus comidas con una buena fumada.

No incluyo ninguna fotografía de los platos, porque como fotógrafo aficionado de muchísimos años (más de los quisiera), considero la fotografía de comida una difícil especialidad dominada por muy pocos fotógrafos. Solo incluyo la foto del espectacular gin-tonic  y de un cliente satisfecho “agarrado” a su habano.

SEICENTO 2

Está situado en la calle San Ildefonso esquina a César Elguezábal en Alicante. Es muy frecuentado por clientes extranjeros que tratan de distanciarse de la congestión de la calle Castaños y el tramo anterior de la propia San Ildefonso.  En estas noches de calor veraniego la cena en la terraza es una delicia. Creo que en estos días de agobiante calor en que la ciudad se queda casi vacía, solo abren a partir de las cuatro de la tarde.

 QUE LO DISFRUTEIS

RESTAURANTE “EL PERULA”

HOZ DE BETETA

LA HOZ DE BETETA

 Los ciudadanos  de la provincia de Cuenca acuñaron hace mucho tiempo un slogan turístico que se podía ver en la luna trasera de muchos vehículos:  “CUENCA ES ÚNICA”. Como no conozco todos los paisajes de esta hermosa España, no me siento capaz de mantenerlo tajantemente, pero reconozco que desde mi primera estancia me enamoró de tal modo que acabe por conseguir una casa en la Serranía conquense.

La Serranía de Cuenca con el Parque Natural del Alto Tajo, es probablemente uno de los sitios más bellos del corazón de España. Sus formaciones de rocas kársticas conforman unas hoces y barrancos descarnados y vertiginosos, por los que se deslizan innumerables ríos, arroyos y riachuelos de todo tipo. Abundan fuentes por doquier. Característico de estas formaciones calcáreas es la existencia de numerosas simas y cuevas. Un amigo geólogo al preguntarle por el tipo de cimentación que debía hacer para mi albergue, me contestó que era una zona, “con  más agujeros que un queso Emmental, la serranía está toda hueca…”.

No menos impresionante es su masa forestal compuesta por una enorme variedad de especies arbóreas entre las que se incluyen los pinos, robles, encinas y carrascas, quejigos, tilos gigantescos, avellanos, chopos, olmos, sabinas, acebos y otras muchas. En el monte bajo abunda la lavanda, tomillo, romero, salvia, ajedrea y otras yerbas aromáticas. Unos naturalistas locales publicaron un libro en el que hacen inventario fotográfico de las más de 100 variedades de orquídeas (de pequeño tamaño) de la zona.

La combinación conjunta de sus hoces y esta riqueza forestal, crea paisajes tan impresionantes como el de la Hoz de Beteta, declarada Monumento Natural de España, labrada a lo largo de millones de años por la fuerza del agua, por donde serpentea el río Guadiela. Al abandonar la Hoz, en el pequeño caserío de Puente de Vadillos, se le une el rio Cuervo, que viene por la Hoz del Alonjero, y continúa su camino por la hoz de Tragavivos. Recibe varios afluentes hasta desembocar en el embalse de Buendía.

Uno de los puntos de entrada para disfrutar de la naturaleza salvaje de la Hoz de Beteta, es el lugar llamado Fuente de los Tilos. Desde ella se nos abre la posibilidad de  dos recorridos. Río abajo, un sendero que nace tras pasar el puente, a la derecha,  llamado Paseo de los Tilos. Bordea el río por su margen izquierda y siempre por debajo de unas paredes verticales que alcanzan alturas de vértigo. A lo largo de nuestro paseo encontraremos gran cantidad de tilos varias veces centenarios de salvaje belleza. En el lado opuesto de la Hoz veremos las espectaculares paredes rocosas en las que anidan grandes colonias de buitres leonados.

Por el lado opuesto, pasado el puente, hay un merendero con la fuente que da nombre al lugar. De allí arranca un sendero llamado Paseo Botánico. Hace tiempo, alguien tuvo la buena idea de fijar unos pequeños carteles identificando las distintas especies vegetales que nos vamos encontrando. Desgraciadamente la falta de civismo y la incuria han hecho desaparecer gran parte de esa interesante  información. El bosque aquí está compuesto por una mayor variedad de especímenes: hay también tilos y pinos,  pero no faltan los robles, encinas, quejigos,  acebos y gran cantidad de avellanos, algunos de gran tamaño. Un árbol muy característico de esta zona es el arce de Montpellier. De pequeñas hojas trilobuladas, en el otoño cambia su coloración desde un rosa pálido, pasando por el cobrizo hasta terminar en pleno otoño en un rojo carmín precioso.

Se puede terminar el recorrido en un pequeño puente que cruza el río y desemboca en la carretera que recorre toda la hoz, o continuar por un cómodo camino llano con grandes avellanos, que en pocos minutos nos lleva a una zona apta para el descanso y el baño, llamada la Casa de la Pradera. Por motivos de seguridad está prohibido hacer fuego; es mejor, si se quiere comer allí, recurrir a la tradicional comida fría de campo: tortilla de patata, carne empanada o pollo con pisto, como desde tiempo inmemorial… y no hay riesgo de dañar este entorno único.

Siguiendo la carretera se encuentra el pueblo de Beteta en lo alto de un cerro que domina un estrecho valle por el que corre el pequeño rio Masegar, afluente del Guadiela. Nace el Masegar en la laguna que hay en El Tobar, pedanía de Beteta distante de ella apenas tres  kilómetros. La laguna de origen kárstico, está alimentada naturalmente por un manantial que aflora en su lado este, y recibe también aguas desde la presa de Santa María del Val por una conducción subterránea de 7 km que entra en ella por el lado sur.  Es una zona magnifica para bañarse en las frías aguas de la laguna, para hacer senderismo o un simple paseo disfrutando de la naturaleza.

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LA LAGUNA DEL TOBAR

Tanto si hemos andado por la Hoz de Beteta como alrededor de esta preciosa laguna (hay un sendero que da la vuelta entera) hay un establecimiento en el Tobar, donde podemos reponer fuerzas, junto a unas estupendas casas rurales hay un buen restaurante y asador: EL PERULA.  

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LA TERRAZA

 Comanda los fogones, Sara, joven aunque sobradamente preparada cocinera (JASP, en la jerga USA) que a sus largos estudios en centros especializados, une sus periodos de prácticas en diversos restaurantes de España de primer nivel y de   distintas especialidades. José, se encarga de las parrillas donde se asan con leña y a la vista del cliente carnes de primerísima calidad. Ada y Julia, llevan el comedor y las relaciones públicas de la casa.

Como ejemplo doy a continuación algunas exquisiteces de su carta. Los amantes de la carne, tienen aquí un santuario: enormes chuletones (700 grs.), solomillos (300 grs.) y entrecotes (400 grs.), todo ello de carne gallega de primera clase; chuletas de corderos de los rebaños que pastan  por toda la sierra la fresca y jugosa hierba. Más elaboradas, rabo de toro con risotto de setas; secreto de cerdo con escabeche de verduras y albóndigas de jabalí con crema de patata trufada.

Entre las entradas destacan unos raviolis (la pasta hecha en la casa) rellenos de carne de ciervo con boletus; ensalada de perdiz ahumada; judías con morro y oreja y garbanzos con cocochas, y no faltan las típicas migas al estilo de la tierra. Carpaccio de ciervo, caracoles en salsa y tostas de jabalí con foie.

Arroces caldosos con costillas y verduras y con bogavante. Personalmente echo en falta un arroz meloso con conejo y caracoles…

En el capítulo de pescados, hay pulpo y sepia a la brasa; merluza rellena y mi plato favorito: bacalao confitado con pimiento asado y crema de morcilla y judías blancas.

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EL PEQUEÑO BAR Y LA PARRILLA

 Remata la faena un buen surtido de postres caseros y una razonable carta de vinos, donde están representadas las zonas vinícolas más importantes.

Aunque la carta se basa en los gustos de la tierra (el cliente manda), Sara ha conseguido una buena fusión entre la cocina tradicional de la zona, con toques distintivos de cocina de alto nivel gastronómico.

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DOS VISTAS DEL SALON COMEDOR

 Un aliciente adicional para los que somos amantes de los buenos cigarros, tras la comida podemos disfrutar de un buen puro en la estupenda terraza, acompañado de un gin-tonic, un ron al estilo caribeño, con un poco de hielo y lima, o lo que cada uno tenga por costumbre.

Si la próxima Semana Santa decide acercarse a esta preciosa tierra, no deje de visitar este buen establecimiento, casi una isla de cocina imaginativa actual en un mar de rutina culinaria.

UN MESON EN CUENCA

Después de realizar diversas gestiones y compras en la ciudad y una larga visita a la bellísima Catedral, nos dirigimos hacia un mesón del que nos habían dado buenas referencias. En la puerta, carteles de recomendación por organismos turísticos.

Está situado en la parte baja del casco histórico, muy cerca del río Huécar. La decoración es sencilla. El local es alargado, no muy ancho. En el lado izquierdo, la mitad del local está ocupado por la barra y a la derecha las mesas con que cuenta el establecimiento.

La carta está dedicada a la cocina regional de forma preferente. Las raciones son tan abundantes que normalmente hay que pedir una para, al menos, dos personas.

Como son días de mucho calor, no nos atrevimos a comidas demasiado fuertes, como el codillo de cerdo al horno, una de las referencias de la casa. Pedimos unas verduras a la plancha y rabo de toro. Ambas raciones fueron tan abundantes que no pudimos los dos comensales acabar con ninguna de ellas. Muy bien cocinadas y condimentadas ambas. La relación precio calidad, muy buena. Nada más sentarnos a la mesa una cerveza en una jarra helada y una copa de verdejo frio de una bodega que no conocía, exquisito. Como cortesía cuatro piezas de pescado (creo que bacalao) rebozado muy bueno. Luego con los platos principales, otra jarra de cerveza igual y una copa de crianza de Ribera del Duero, francamente bueno. No hubo sitio para el postre. El importe total, 35,50 euros.

Solamente un pero: el comedor presidido por un televisor de ruido de fondo (da lo mismo que sean “40 principales”, MTV, las noticias o el fútbol) con un volumen bastante alto y molesto. Cuando hay un acontecimiento extraordinario, vale; pero entonces ya lo sabes y no vas a ese local. Pero a diario y a todas horas…

Prefiero que no estén juntas la barra y las mesas del comedor, pero los locales son lo que son. Seguro que los dueños desearían otra configuración. Si además, preside la TV, al ruido de ésta, se añaden las conversaciones y bromas en voz más alta de lo normal de las personas de la barra, que están en su perfecto derecho, pero el ruido de conjunto es todavía más molesto.

El momento de la comida debe tener un espacio para la conversación y el disfrute tranquilo del arte del cocinero, que en esas condiciones es imposible. ¿Será que cada vez la gente tiene menos cosas que decirse? ¿Es el ruido de fondo la excusa para la incomunicación? ¿Será consecuencia de la digitalización de la vida? Lo que no hay duda es que hemos llegado a la alienación de que hablaba D. José Ortega y Gasset.

Recuerdo una escena de una película, creo que de mi admirado Cary Grant, en que están los dos protagonistas comiendo en un pequeño bistrot en animada charla y unos personajes junto a la barra que los observan, mantienen el siguiente diálogo:

–No deben ser matrimonio.
–¿Qué te hace pensar eso?
–Que un matrimonio son dos personas que no tienen nada que decirse.

Por fortuna, no es nuestro caso, pero miren, miren a su alrededor…

Es por eso que no suelo volver a los sitios presididos por una TV siempre en marcha y aunque haga una reseña, no los recomiendo.

RESTAURANTE NELIA

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Situado en Villalba de la Sierra a unos 20 kilómetros de Cuenca en dirección a la ciudad Encantada y la Serranía. Fundada en el año 1967, era en sus inicios el típico restaurante de camioneros a pie de carretera en un momento en que el tráfico era muy intenso en la zona. Al otro lado del camino que accede, se encuentra el rio Júcar.

Hoy es un magnifico restaurante con modernas instalaciones y una cocina sobresaliente en la zona. Javier, el propietario, es persona jovial, atenta con gran sentido del humor y muy experto en las artes culinarias. Con la ayuda de su esposa desarrollan la benemérita tarea de dar bien de comer a quienes los visitan.

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Tiene una carta en la que destacan especialidades muy bien elaboradas, pero hay que dejarse sorprender porque experimenta continuamente con nuevas materias y preparaciones. Algunas referencias: Ensalada de cuatro quesos manchegos con vegetales; Copita de ajoarriero con albaricoque; terrina de foie (fresco) con pan de naranja; milhojas de peras marinadas y sardinas de bota con migas y tomate seco; escabeche de verduras al dente con conejo; guiso de caracoles y trigo. Las carnes, a la brasa, todas buenas. Y en el apartado de pescados, mi preferido es los chipirones en su tinta con pasta fresca (espaguetis finos). En el capítulo de postres: pudin de coco con salsa de frutos rojos; crepes de moras con chocolate caliente; biscuit de higos con chocolate caliente y el granizado de manzana con miel y helado de nata.

Una sorpresa: cocochas al pil-pil o rebozadas y cogote de merluza. No lo hay siempre, pero cuando lo hay, vale la pena probarlo. No es frecuente en el interior encontrar buena materia prima ni quien sepa cocinarlo “comme il’faut”  No digo más, que desde la primera vez, siempre que tiene es nuestro plato favorito. Este no tiene nada que envidiarle a los que he tomado en vascongadas.

La relación calidad precio buena. Teniendo en cuenta, la calidad de los ingredientes y de la cocina y la abundancia de las raciones, me parece que es normal y proporcionada. En los últimos tiempos, hay un menú, con un precio que parece inverosímil para lo que ofrece.

¡Y no tiene televisión en ninguno de los comedores!

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