EL POEMA DE TECUMSEH

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TECUMSEH

Tecumseh Jefe de la tribu india de los shawnee, es famoso por su lucha contra los nacientes Estados Unidos para frenar su expansión hacia el oeste. Nació en marzo de 1768 en las cercanías de Springfield (Ohio) y murió en los alrededores de Thamesville (Ontario, Canadá) el 5 de octubre de 1813.

Su padre fue un guerrero shawnee que murió luchando contra los colonos blancos en la batalla de Point Pleasant (1774). Tecumseh participó con sus guerreros en la batalla de Fallen Timbers (1794), en la cual una coalición de diferentes tribus indias fue derrotada por las tropas del general Anthony Wayne.

Fue líder de una gran confederación indígena que se opuso a los Estados Unidos de América en defensa de sus tierras y lucho de nuevo durante la guerra anglo-estadounidense de 1812 (La guerra escondida). Creció en los territorios que más tarde fueron el estado de Ohio. Vivió en su infancia y juventud  la guerra de Independencia de los Estados Unidos y la guerra India del Noroeste, conflictos durante los cuales, su pueblo estuvo constantemente expuesto a numerosas acciones bélicas.

En el mundo de habla española es menos conocido que otros líderes indígenas, cuyas imágenes han sido muy utilizadas por el cine y las novelas del oeste: como Nube roja Sioux oglala),  Caballo Loco (Tasunka witko), Toro Sentado (Sioux) y los Apaches de la tribu Chiricahua,  Cochise, Gerónimo y Mangas Coloradas. Muchas personas creen que son personajes cinematográficos de ficción pero existieron realmente y se conserva su imagen en fotografías realizadas por el excelente fotógrafo americano Edward Curtis.

TORO SENTADO

TORO SENTADO

Tecumseh está considerado como uno de los más grandes personajes indígenas en la historia de América del Norte. Fue un estadista, guerrero y  patriota de su pueblo indígena.  Hombre instruido y sabio según la historia y la leyenda, fue una persona respetada y admirada, incluso entre sus enemigos blancos, por su integridad y humanidad y al que actualmente se rinde honor tanto en los Estados Unidos como en el Canadá, por indios y blancos.

Hacia finales de los 1780 Tecumseh, junto con su hermano  Tenskwatawa («el profeta»), creó una alianza de los pueblos nativos contra la continua expansión de los colonos americanos en los territorios de los grandes lagos, del norte del medio oeste y del valle del río Ohio. Fundaron la ciudad de “Prophetstown”, próxima a la actual Lafayette, Louisisana.

A finales de 1809, el gobernador del recién formado Territorio de Indiana, negoció un Tratado (Fort Wayne) en el cual una delegación de indígenas cedió 3 millones de acres (unos 12,000 km²) de territorio de los Pueblos Nativos Americanos al gobierno de los Estados Unidos.

El tratado fue rechazado por Tecumseh, porque no contó con la aprobación del presidente estadounidense James Madison. También hubo sobornos en forma de grandes subsidios a las tribus y jefes implicados y la distribución antes de las negociaciones entre los indígenas participantes, de copiosas cantidades de licor para «predisponer las actitudes» a las mismas.

La oposición de Tecumseh al Tratado marcó la emergencia del guerrero shawnee como líder respetado de varias tribus. Aunque Tecumseh y su pueblo, los shawnees no tenían derecho alguno sobre la tierra vendida, Tecumseh revivió una idea expuesta en años anteriores por el líder Shawnee, Blue Jacket, y por el líder Mohawk, Joseph Brant, según la cual la tierra india era propiedad común de todas las tribus, y ninguna fracción de ella podía ser vendida sin el consentimiento de todas, o sólo por decisión de unas pocas.

Ninguna tribu tiene el derecho de vender tierra, ni siquiera a otra, mucho menos a extranjeros… ¡Vender un país? ¿Por qué no vender también el aire, las nubes y el gran mar con la tierra? ¿No los hizo el Gran Espíritu para uso de todos sus hijos?” y “…la única manera de detener esta iniquidad  es, para los hombres rojos, unirse y reclamar un común e igual derecho sobre la tierra, como era en un principio, y debería ser ahora, para que nunca sea dividida”.

 En agosto de 1810 Tecumseh visitó al gobernador W.H. Harrison en su mansión de  Vincennes, en el recién creado estado de Indiana, al frente de una partida de cuatrocientos guerreros armados y con pintura de guerra; se habían desplazado  desde Prophetstown para presionar en favor de sus reivindicaciones. El gobernador Harrison rechazo sus demandas y Tecumseh  se dirigió a él de forma muy airada, incitando a sus guerreros para que lo mataran. Este se defendió con su espada y el apoyo de la pequeña guarnición que defendía el pueblo de Vincennes.

En ese momento intervino el jefe Potawatomi, Winnemac —quien mantenía relaciones de amistad con los estadounidenses— para contrarrestar los argumentos de Tecumseh frente al grupo que éste dirigía, y les pidió a los guerreros que se fueran en paz, lo que hicieron no muy convencidos ni apaciguados.

En marzo de 1811 coincidiendo con la aparición en el cielo de un gran cometa (Tecumseh, significa  “estrella fugaz”), aprovechó para convencer a los indios que integraban la Confederación de Tecumseh y sus aliados, de que era un signo de buena suerte y la señal de que la hora de luchar había llegado. Tras una nueva entrevista con el gobernador se mostró contemporizador y dispuesto a permanecer en paz con los EEUU; pero solo fue una  maniobra para ganar tiempo mientras fortalecía su confederación.

De las arengas que entonces dirigió a las asambleas de indios con las que se entrevistó hay una de la que circulan distintas versiones y que algunos han atribuido a su hermano:

«Escuchad, orgullosos pueblos indios. El pasado habla por sí mismo. ¿Dónde están hoy los Pequot? ¿Dónde están los Narragansett, los Powhatan, Pocanokets, y otras poderosas tribus de nuestra gente? Se han desvanecido ante la avaricia y la opresión del hombre blanco, como la nieve ante el sol del verano…. Mirad a lo largo y ancho, del que fue una vez su bello país y ¿qué veis ahora? Nada salvo los estragos de los destructores rostros-pálidos. Así será con ustedes Creek, Chickasaw, Choctaw… La aniquilación de nuestra raza es inminente a menos que nos unamos en una causa contra el enemigo común».

 Al final se produjo la confrontación, la Batalla de Tippecanoe, en la que vencieron las tropas del gobernador tras lo cual los victoriosos americanos tomaron el poblado de Prophetstown destruyeron los cultivos que lo rodeaban y lo incendiaron.

Un mes después de Tippecanoe, el miércoles 11 de diciembre de 1811 tuvo lugar un violento terremoto que sacudió el Sur y el Medio Oeste, considerado en la actualidad, como el seísmo más potente experimentado en los Estados Unidos continentales. Pese a que la interpretación del fenómeno natural varió de una tribu a otra, todas las tribus pieles rojas lo consideraron una señal y llegaron al consenso de que Tecumseh y el Profeta debían ser apoyados en sus acciones frente a los blancos.

Mientras, estaba creciendo la tensión entre los Estados Unidos y Gran Bretaña, lo que condujo a la guerra entre ambos en 1812. Esta guerra puede considerarse una extensión norteamericana del conflicto napoleónico en Europa, pues las raíces de la contienda se encuentran en las relaciones comerciales entre la Francia imperial y los Estados Unidos. En 1807 Gran Bretaña impuso un severo bloqueo naval a la Francia de Napoleón, y uno de los países más perjudicados por esta medida fue los Estados Unidos, ya que Francia demandaba el 80% de las exportaciones de algodón y el 50% de todas las restantes.

Tecumseh reunió un ejército de nativos, alistándolo en el ejército británico como aliado y participó en numerosos enfrentamientos a lo largo de la frontera que separaba Canadá de Estados Unidos. En una de estas batallas, la del Thames, que tuvo lugar el 5 de octubre de 1813, Tecumseh recibió una herida mortal que acabó con su vida.

Su norma de vida y testamento para las generaciones posteriores, es un  emotivo poema que transcribo a continuación. Me recuerdan estas palabras a mi admirado Marco Aurelio, el gran emperador estoico, y su pensamiento expuesto en ese maravilloso libro de “Meditaciones”:

POEMA DE TECUMSEH

 Vive la vida de modo
Que el temor a la muerte
No pueda entrar nunca
En tu corazón.

No importunes a nadie
Acerca de su religión.
Respeta a los demás
Y sus puntos de vista
Y exige de ellos
Que respeten el tuyo.

Ama tu vida, perfecciónala.
Embellece todas las cosas de tu vida.
Trata de prolongar tu vida
Y de hacerla útil para tu pueblo.

Cuando llegue la hora de tu muerte,
No seas como aquéllos cuyos corazones
Están llenos de temor a la muerte
Y que al llegar su momento lloran y rezan.

Para tener un poco más de tiempo,
Para vivir la vida de modo diferente,
Canta tu canción fúnebre
Y muere como un héroe
Que regresa a su casa.

geronimo

GERÓNIMO

Un comentario final.- Los españoles arrastramos la tendenciosa “leyenda negra” creada por los pueblos sajones acerca de nuestra brutalidad para con los indígenas de los pueblos descubiertos y conquistados. Los conquistadores eran gentes muy duras –los indígenas también- y cometieron excesos. Pero lo cierto es, que quienes actuaron por sistema con verdadera saña contra los pueblos indígenas de América y de otros territorios fueron ellos, los británicos y sus descendientes norteamericanos. Compárese la masa de población nativa (y mestiza) actual en los territorios que fueron españoles con las poblaciones nativas de los EEUU; confinados en Reservas, como se ha hecho en África y otras partes del mundo con las especies en peligro de extinción. El que tenga curiosidad, busque en un capítulo de la obra de Alexis de Tocqueville, “La democracia en América”, la narración que hace, muy impresionado, de cómo la población india de una ciudad entera es transportada a la fuerza a una Reserva abandonando casas, propiedades y medios de vida  porque los blancos ambicionan sus bienes y no quieren  convivir con ellos. Se trataba de indios que se habían integrado a la forma de vida y costumbres de la sociedad blanca (WASP). ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA.

NUBE ROJA

NUBE ROJA

 Documentación utilizada:

 *“A history of the american people”. Paul Johnson
*Wikipedia. Muchos artículos sobre el tema y las imágenes de E. Curtis.
*http://www.mcnbiografias.com/
*Eduard Sheriff Curtis. https://www.taschen.com/pages/es/catalogue/photography/all/45424/facts.los_indios_de_norteamerica_las_carpetas_completas.htm
*”La democracia en América”. Alexis de Tocqueville
* Para saber más sobre la guerra anglo-americana de 1812, “la guerra escondida” en la historia USA:
http://historiaesco.blogspot.com.es/2011/05/la-guerra-de-1812.html

ALVAR NÚÑEZ CABEZA DE VACA (1)


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PÁNFILO DE NARVÁEZ

LA DESASTROSA EXPEDICIÓN DE PÁNFILO DE NARVÁEZ

Nació en 1470, pero no se sabe con certeza el lugar; algunos historiadores han señalado Valladolid, pero parece más probable que fuese natural de Navalmanzano, Segovia. Hay  testimonios de autores coetáneos y es un apellido frecuente en la zona. Murió en el Golfo de México en 1528. Tomó parte en la conquista de Cuba (1512) a las órdenes de Diego Velázquez. Posteriormente fue enviado por éste a México para someter a Cortés, que le atacó en Zempoala, donde perdió su ojo izquierdo, lo hizo prisionero (1520) y lo mantuvo encarcelado tres años.

Cuando tras su cautiverio el derrotado capitán logró regresar a España, pudo elevar sus quejas ante el rey Carlos I, quien confió en él a pesar de su lamentable actuación y le encargó la conquista de Florida. Lo nom­bró Adelantado y Gobernador de todas las tierras entre el río Las Palmas (Rio Grande) al oeste y la península al este. Florida era la denominación aplicada a un territorio de límites indeterminados que ocupaba una gran parte del sur de los actuales Estados Unidos.

Al mando de cinco buques y más de 600 hombres, Narváez partió de San­lúcar de Barrameda el 27 de junio de 1527. El mal tiempo, las constantes tormen­tas y continuas deserciones en las escalas,  fueron menguando la fuerza de su expedición. Tras sus escalas en Santo Domingo y Cuba, se encaminó hacia las costas de Florida, con 400 hombres y 80 caballos. Entre los embarcados iba Alvar Núñez Cabeza de Vaca, como tesorero y alguacil de la expedición. En abril de 1528, una tempestad les obligó a desembarcar en la bahía de Tampa.

Narváez tomo pose­sión del país en nombre del Emperador Carlos I. Sus ofíciales le prestaron juramento de lealtad y se procla­mó Gobernador. Pudo desempeñar un papel de gran importancia para futuras expediciones, pero resentido y endurecido no intentó atraerse a los indios, al contrario, fue duro y cruel en su trato con consecuencias funestas, incluso a largo plazo.

A partir de ese momento demostró un carácter salvaje, comportándose como el modelo perfecto de españoles arrogantes y brutales de la Leyenda Negra protestante. Moviéndose hacia el interior con su  ejército, encontró unos indios a los que impresionó con su poder y logró hacerse amigo del cacique. Lo que este no sabía es que el capitán castellano estaba obsesionado por lograr éxito y riqueza como su odiado enemigo, Hernán Cortés.  Reaccionó ante la falta de oro con una brutalidad increíble. Ordenó que al cacique le cortasen la nariz, matando y des­pedazando luego a su madre, echando los restos a sus perros de guerra: mastines entrenados para la caza del hombre y equipados con armaduras defensivas. Eran el terror de los indios. Tras semejantes actos de crueldad marchó en dirección al norte de la Florida, dejan­do en los indios una imagen aterradora (que rápidamente se extendió entre las tribus) de lo que podían esperar de los extraños hombres blancos que llegaban en gigantescas canoas aladas.

Narváez decidió seguir la expedición por tierra, mientras mandaba su flota hacia el oeste en busca de un puerto seguro en el río Grande, que creía erróneamente cercano. A Narváez llegaron noticias de que cerca de la costa había una ciudad llamada Apalache, que guardaba importantes riquezas. Narváez se lanzó a su búsqueda, convencido de que pronto se encontraría ante un mundo de inmensas riquezas. Los indios esclavizados y obligados a servir de guías les condujeron cada vez más al interior, hacía una región de ciénagas, pantanos y lúgubres selvas.

Tras jornadas de dura marcha, bajo un bochorno inhumano, aplastados por el peso de armaduras, cotas de malla, arcabuces, ballestas, espadas y picas y sin apenas comida, se alimentaron de los caballos que caían agotados. Debían combatir con pequeños grupos de indios que les hostigaban continuamente. Cuando encontraron la ansiada Apalache,  resultó ser un conjunto miserable de chozas cuyos escasos pobladores, que habían huido, apenas mantenían un campo de maíz. Los pobladores regresaron cautelosamente a la aldea y se acercaron a los hombres que acompañaban al gigantesco guerrero tuerto. No sabían es que se enfrentaban a un hombre enloquecido por la sed de poder y riqueza.

Narváez aceptó las ofrendas de amistad que le hicieron los indios de Apalache, pero al igual que en Tampa, capturó al cacique y lo trató como a un rehén para lograr la sumisión del poblado. Calculó mal; las tribus de Florida eran valerosas y con experiencia bélica. Lejos de amilanarse, se alzaron en armas, atacaron a los conquistadores y llegando a quemar sus propias chozas para que no pudieran refugiarse en ellas.

El cacique informó a Narváez, de que en la región en la que estaban no había oro, pero que si continuaba hacia el sur, siguiendo el río Apalachicola, llegaría en unos nueve días al mar y podría dirigirse a tierras mejores. Narváez lo creyó y marchó hacia costa en otro viaje infernal. Hostigado de continuo por  los  indios, atravesaron una región pantanosa, llena de trampas mortales, desde animales salvajes a arenas movedizas. Tuvieron que desplazarse por peligrosas selvas, avanzando a veces por zonas pantanosas con el agua por la cintura,  bajo la amenaza de panteras y caimanes, sin comida y con parte de la tropa enferma de fiebres. Los expedicionarios ya no querían oro, solo anhelaban llegar a la costa y salir del infierno en el que se encontraban.

Regresaron al litoral y al no encontrar los navíos, continuaron la búsqueda del río Grande en cinco canoas improvisadas que volvieron a naufragar poco después de superar el delta del Mississippi. La mayoría de los expedicionarios murieron (incluido el propio Narváez) y los pocos  supervivientes, con Alvar Núñez entre ellos, desembarcaron en una pequeña isla, a la altura de Galveston (Texas), a la que denominaron Isla del Malhado, donde fueron hechos prisioneros por los indígenas.

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Placa conmemorativa del desembarco de la expedición de Narváez.

Debido a la extensión de este artículo, se publica en dos entradas. El Titulo de la segunda es “La gesta de Alvar Núñez Cabeza de Vaca”.

LOS POLITICOS Y LA SITUACION ACTUAL

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FRANKLIN DELANO ROOSVELT

La diaria observación de los acontecimientos que suceden tanto en nuestro país como en el resto de la UE, y las actitudes de los dirigentes frente a ellos, me hace reflexionar sobre el efecto que tiene sobre un país la valía de sus gobernantes.

Voy a exponer a título de ejemplo un resumen de la semblanza del presidente F.D. Roosvelt, tomada del magnífico libro “Diplomacia”  de  H.  Kissinger.  No se pueden evitar las comparaciones con nuestros dirigentes actuales tanto españoles como europeos.

“Para los dirigentes políticos contemporáneos que gobiernan dejándose influir por las encuestas de opinión, el papel de Roosvelt al llevar a un país aislacionista a participar en la segunda guerra mundial es como una lección objetiva sobre el alcance de del liderazgo en una democracia”.

“Todos los grandes líderes son solitarios. Su singularidad se debe al don de captar unos desafíos que aún no son obvios para sus contemporáneos”.

“En una democracia, la interrelación entre los dirigentes y sus votantes siempre es compleja. Un líder que se limite a la experiencia de su pueblo en un período de trastornos logra una popularidad temporal, al precio de ser condenado por la posteridad, cuyos derechos estaba descuidando. Por otra parte, un líder que se adelante en exceso a su sociedad se volverá inútil. Un gran dirigente debe ser un educador, que haga de puente entre sus visiones y el ámbito doméstico; pero también debe estar dispuesto a caminar solo para permitir que su sociedad siga la ruta que él ha elegido”.

“En cada gran líder hay inevitablemente un elemento de astucia que a veces simplifica los objetivos y en ocasiones la magnitud de la tarea. Pero la prueba última será ver si encarna la verdad de los valores de su sociedad y la esencia de sus desafíos. Roosvelt tenía una profunda fe en su país. Estaba convencido de que los totalitarismos de su época eran un mal absoluto,  y a la vez una amenaza a la seguridad del país. Estuvo dispuesto a soportar la carga de las decisiones solitarias. Tuvo que avanzar con pasos angustiosamente calculados, a través del abismo que se abría entre sus metas y la realidad de su sociedad para mostrarles que el horizonte más lejano era en realidad más seguro que el próximo”.

“Como corolario a lo anterior, debemos preguntarnos si cualquier contemporáneo de Roosvelt, de cualquier partido político habiendo tenido el valor y la visión de reconocer el desafío hubiera tenido también la fuerza de voluntad necesaria para conducir paso a paso a un pueblo aislacionista al compromiso de hacer todo lo necesario para derrotar a los totalitarismos de la época”.

Hemos padecido un presidente cuya experiencia de gestión era nula. No fue  ni concejal de su pueblo; no se había ganado un sueldo en su vida en otra cosa que no fuera la política; nunca creó una empresa y no sufrió los escollos que las Administraciones ponen al emprendedor y, luego,  la lucha en el mercado con los competidores; ni contrató y dirigió personal; ni conoció los sinsabores y trabajos de buscar financiación en la banca, ni peleó con Hacienda o con Trabajo. Que nunca tuvo  responsabilidades en una empresa o institución. Parece ser que, ni tan siquiera hasta que fue presidente, viajo al extranjero de forma frecuente. Desde luego no hablaba ningún idioma aparte del español, que yo sepa. (Son famosos su “Felipe, everyday bonsai”; o la ocurrencia de presentarse en una cena de Estado en USA con las “niñas góticas”, como un paleto. Vergüenza ajena sentimos los españoles)

¿Vamos camino de repetir el error? Como he leído en un comentarista político: ¿vamos camino de una “mindundicracia”?; ¿estamos ya en ella? ¿Tienen nuestros dirigentes la cultura, la formación y la experiencia necesaria para dirigir una nación? ¿Hay en estos momentos en nuestro ámbito doméstico algún político con las dotes necesarias para hacerle ver claramente a sus conciudadanos cuál es la situación? ¿Hay alguien capaz, como el otro gran líder de aquella época, Sir Winston  Churchill, de decirles claramente a los votantes que la salida de este lío monumental que tenemos solo se puede conseguir a base de “Sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas”?

Decir que los supuestos “derechos” que muchos tienen en la boca a todas horas, son “servicios”, que hay que pagar y tienen un coste muy elevado; que dirigentes anteriores llevaron irresponsablemente al país a la bancarrota; que TODOS, O LA MAYORÍA, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades reales con dinero prestado del interior o del exterior; que tenemos una estructura institucional del Estado que por todos los especialistas del mundo se considera insostenible y que es además  ineficiente y muy proclive a la corrupción; que cada “Poncio” autonómico,  buscando las migajas de unos votos más en la próxima elección, enfrenta de forma demagógica e irresponsable a sus votantes, bien contra el Estado bien contra las otras autonomías, en vez de actuar como “…un buen dirigente y educador”  preocupado por el bien común.

Se están ofreciendo para solucionar los problemas actuales, sistemas basados en ideologías periclitadas que no son útiles para enfrentar los desafíos del tiempo actual y resolver los problemas de los ciudadanos. Llevando además aparejadas injusticias, sufrimiento, empobrecimiento y pérdida de libertades… (Libertad, ¿para qué?, decía Lenin)

En 1982, el de la gran victoria del PSOE, con motivo de unos negocios, tuve oportunidad de conocer a un personaje al que no he dejado de recordar. Un caballero italiano,  maduro, inteligente y con mucha experiencia política y empresarial. En una charla informal vaticinó que lo primero que harían los recién llegados al poder, sería cambiar la enseñanza. Comenzarían un proceso de ingeniería social en gran escala que les permitiera conservar el poder de forma permanente, y ello solo podría conseguirse sobre un pueblo adoctrinado políticamente en las aulas desde la infancia al que se hubiera “…incapacitado previamente para razonar y pensar por sí mismo”. A la luz de lo que tenemos, no se equivocó.

Unos ciudadanos incapaces de un mínimo de análisis racional sobre el origen y la solución de los males presentes y que se aferran a cualquiera que les prometa otra vez el “gratis total” o “la renta básica universal”  (Una forma de comprar el voto como se hace en Andalucía a través del PER) y que vuelve la espalda a lo que dijo Sir Winston…  Que, manipulados por actores interesados, siguen ciegamente el mantra de defender “lo público” cuando la experiencia demuestra en cada vez más países, que los servicios públicos prestado por empresas privadas, con todos los controles y cautelas necesarias, son mejores y más eficientes: véase el caso de la sanidad en Holanda y Suecia y la enseñanza en Suecia, un país al que el “progresismo” arruinó totalmente a principio de los 90 y que ahora empieza a levantar cabeza. Voy a hacerlo seguir por un relato muy divertido de Astrid Lindgren, la autora de “Pipi Calzas Largas”, muy ilustrativo de lo que allí pasó y aquí estamos siguiendo el mismo camino.

QUE CADA UNO SAQUE SUS CONCLUSIONES Y LA FORTUNA NOS AYUDE 

Canadian photographer Yousuf Karsh's famous image of a defiant Winston Churchill.
SIR WINSTON CHURCHILL 

En la magnifica fotografía, en pose desafiante, del fotógrafo Yousuf Karsh

AYN RAND

AYN RAND

¿Quién fue Ayn Rand? Tras este seudónimo se oculta la filósofa y literata de origen ruso judío ALISA ZINOVIEVA ROSENBAUM. Nacida en San Petersburgo de familia judía (no practicante), el 2 de febrero de 1905. Estudió filosofía e historia en la Universidad de San Petersburgo. Desde muy joven fue una apasionada lectora de novelas del romanticismo, Walter Scott y Alejandro Dumas fueron sus primeras lecturas en ese ámbito. A los trece años descubrió a Víctor Hugo, convirtiéndose en una entusiasta de su obra. En filosofía, sus mayores influencias las recibió de Aristóteles y Nietzsche. Su pasión por la literatura la llevó a interesarse por el teatro y el cine y, parece ser, que desde los siete años ya escribía pequeños relatos y guiones para ambos medios.

Detestaba Rusia con toda su alma, especialmente tras la Revolución de 1917 que llevó el país a una situación de terror, represión y miseria. En 1926 consiguió un visado para salir del país y emigró a Estados Unidos, donde inicialmente vivió con unos familiares en Chicago. Posteriormente llevada por su fascinación por el cine, se trasladó a Hollywood donde aceptaba cualquier tipo de trabajo para costearse la vida. Allí conoció a Cecil B. de Mille, que se interesó por ella al conocer su pasión por el cine. Este la introdujo en los aspectos técnicos de la producción y funcionamiento de los estudios. Incluso le ofreció papeles como extra en diversas películas, entre otras en “Rey de Reyes”, donde aparece destacada en varias escenas.

Entre sus obras literarias destacan, El Manantial, La rebelión de Atlas y Los que vivimos. La primera fue llevada al cine con mucho éxito en 1949 por King Vidor, interpretada en sus principales papeles por Gary Cooper y Patricia Neal. Tengo vagos recuerdos de esta película acerca de la vida de un arquitecto de espíritu libre e independiente. Creo recordar que estaba inspiraba en la figura de arquitecto Frank Lloyd Wright, pero no lo puedo asegurar porque la vi hace unos 55 años.  La última obra es una especie de autobiografía, en la que narra la difícil vida de una mujer de espíritu libre e independiente en el régimen totalitario soviético. Una curiosidad: durante la época de Mussolini, se hicieron dos películas con el contenido de esta obra. Reflejaban la miseria y terror del régimen soviético y fueron un gran éxito en Italia. Se rodaron sin su conocimiento. Se enteró, después de la II Guerra Mundial. Se casó con el actor norteamericano Frank O’Connor y falleció en Nueva York en 1982.

Se ha definido siempre como anti socialista y anticomunista. Supongo que como muchos otros de su mismo temple porque “han vivido en las entrañas de la bestia…”.

Después de este largo preámbulo, voy a reproducir lo que escribió en 1920, para que tras una lectura atenta y cuidadosa, sirva de reflexión sobre la intemporalidad de algunas situaciones, independientes del tiempo, el lugar y sistema político en que se produzcan. Por desgracia, lo que refleja es casi una norma universal, sobre todo en los regímenes que se denominan democráticos, pero pasados por el socialismo en distintas gradaciones. Juzgue el lector que tenga la paciencia de llegar hasta el final:

“Cuando te das cuenta de que para producir necesitas obtener autorización de quien no produce nada. Cuando compruebas que el dinero es para quien negocia, no con bienes sino con favores. Cuando te das cuenta que muchos son ricos por sobornos e influencias, más que por el trabajo, y que las Leyes no nos protegen de ellos, mas por el contrario son ellos los que están protegidos. Cuando te das cuenta que la corrupción es recompensada y la honestidad se convierte en auto sacrificio. Entonces podría afirmar, sin temor a equivocarme, que tu sociedad está condenada”.

Solo me queda, para aviso de navegantes, traer a colación unos versos de mi admirado Jorge Manrique:

Recuerde el alma dormida,/Avive el seso y despierte,/Contemplando…

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