NUEVOS RELATOS DE ULYSES

CEMENTERIO 1

LOS EPITAFIOS

 Cuentan que hace tiempo en una pequeña población castellana, fallecieron los padres del sacristán que ayudada a un joven cura a gestionar su parroquia. Muy apenado por la pérdida pidió al joven sacerdote que, con el objeto de rendirles el homenaje que creía justo, le escribiera un bello epitafio para su última morada. Tras unos días de trabajo el joven párroco le entregó el siguiente escrito, con la advertencia de que tenía que pasarlo por el Obispado para que le sellaran el “Nihil Obstat”, preceptivo en aquellos tiempos:

Era tanta la bondad
Y la generosidad
Y la virtud de los dos,
Que es seguro que hoy están
En el Cielo y junto a Dios.

Lo dejó en manos del censor pasando unos días después a recogerlo. El censor le comunicó que el Sr. Obispo, no podía aprobarlo porque, aunque estaba seguro de que habían sido ejemplo de vida cristiana, no podía admitir que se afirmara tan tajantemente que estaban junto a Dios. Le dijo que pidiera al joven párroco que le hiciera uno más acorde con lo expuesto.  Unos días después volvió al Obispado a entregar un nuevo epitafio:

Eran muy buenos los dos
Y fueron de dios en pos
Como va todo el que muere,
Pero no están junto a Dios
Porque el Obispo no quiere.

Como es de suponer, el cabreo del Obispo fue épico. Lo  recibió  personalmente para expresarle de manera no muy amable, su tremendo disgusto. Lo despidió con cajas destempladas advirtiéndole, que si traía otro escrito irrespetuoso, no le permitiría poner nada en la tumba de sus queridos progenitores. Descorazonado el sacristán volvió a su joven párroco que tras unos días de exprimir sus meninges le entregó este nuevo epitafio:

Sus almas vagando van
Por el éter dulcemente
Si saber adónde irán,
Porque desgraciadamente,  
No sabemos dónde están…

No se sabe cuál fue la reacción última del Sr. Obispo ante versos tan sensatos… ni si llegó a autorizar que se grabaran en la tumba de los padres del desconsolado sacristán; tampoco, si este terminó tan abatido como el ángel de esta ilustración.

                                                                                                       Ulyses de Ítaca

CEMENTERIO 2

Los versos con los que he construido esta historieta los he tomado de un hermano de mi abuelo, Luis Díaz González,  funcionario de telégrafos, cachondo mental y escritor satírico que firmaba sus versos como Ibn Humeya en la prensa, allá por los años 30 y 40 del siglo pasado.  Durante la República se metió con todos los políticos, con las Juventudes Socialistas y con los Falangistas. Con ello se garantizó que todos le atizaran, antes, durante y después de la guerra. Pero lo llevó con muy buen humor y siguió riéndose de todos hasta el final de sus días. Terminó su vida laboral en Alicante como jefe de telégrafos. Me dejo como legado su Diccionario Ideológico de la Lengua Española de D. Julio Casares, instrumento imprescindible para poetas y escritores, que conservo como un tesoro. También me legó la costumbre de leer siempre con un buen diccionario a mano…  y un puñado de escritos suyos.

 

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